El viejo Matías (V. Heredia)
La lluvia y el viento eran dos hermanos
corriendo furiosos por el terraplén
y en un banco oscuro, mojado y mugriento
él se acomodaba su uniforme gris.
El viejo Matías duerme en cualquier parte,
un fantasma errante le toca la piel,
pero cuando llueve sus despojos buscan
la estación de chapas de Paso del Rey.
Es cuco de niños, y de no tan niños,
su figura triste pisando el andén
porque nadie ha visto sus ojos cansados,
la cruz del olvido temblando en sus pies.
A veces murmura cosas incoherentes,
habla de la guerra, imita el cañón;
y otras veces pone en sus ojos un niño
y acuna en sus brazos su bolso marrón.
Cuando llegan trenes repletos de obreros
se pone contento, brilla su mirar,
gorrión de la tarde quiere hablar con todos
y después se queda solo en el andén.
Se queda mirando la vías vacías,
la luz que se pierde del tren que pasó
y después se aleja murmurando cosas
el viejo Matías, ogro del lugar.
La lluvia y el viento eran dos hermanos
corriendo furiosos por el terraplén
y en un banco oscuro mojado y mugriento
el se acomodaba su uniforme gris.
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