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Zamba para no morir (H. L. Quintana)
Romperá la tarde mi voz
hasta el eco de ayer.
Voy quedándome solo al final,
muerto de sed, harto de andar.
Pero sigo creciendo en el sol,
vivo.
Era el tiempo viejo la flor,
la madera frutal.
Luego el hacha se puso a golpear,
verse caer, sólo rodar.
Pero el árbol reverdecerá
nuevo.
Al quemarse en el cielo la luz del día
me voy.
Con el cuerpo asombrado me iré,
ronco al gritar que volveré,
repartido en el aire al gritar,
siempre.
Mi razón no pide piedad,
se dispone a partir.
No me asusta la muerte ritual,
sólo dormir, verme borrar.
Una historia me recordará
vivo.
Veo el campo, el fruto, la miel
y estas ganas de amar.
No me puede el olvido vencer.
Hoy como ayer, siempre llegar.
En el hijo se puede volver,
nuevo.
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