Un recuerdo lleno de aprecio, un homenaje a un gran docente que nos ha hecho llegar uno de nuestros colaboradores y que incorporamos con respeto a nuestra balsa virtual.
En el año 2003 mi hija terminó la primaria en una escuela pública de la Ciudad. Nos vimos, pues, obligados a buscar otro establecimiento educativo donde pudiera continuar sus estudios y optamos finalmente por un colegio de larga tradición y alto nivel académico.
Poco tiempo después del inicio de clases, los padres de los alumnos recién ingresados fuimos invitados formalmente a una recorrida por las instalaciones para conocer las aulas, los departamentos de las diferentes materias, el gimnasio, la biblioteca, etc. (En realidad, todos los padres ya habíamos visitado el colegio antes de inscribir a nuestros hijos).
Fue justamente al demorarme en la entrada de la biblioteca -ya finalizando la visita y porque me detuve para aguardar la llegada de algunos rezagados- cuando vi una placa en la pared, a un lado de la puerta que da acceso a la sala de lectura, que decía: "Al profesor Guillermo Obiols. Homenaje de sus alumnos de 5to año".
Me quedé sorprendido. Era exactamente el tipo de placa recordatoria que suele colocarse en memoria de alguien fallecido. Empero el texto de la misma no indicaba con claridad circunstancia luctuosa alguna.
Por otra parte, Obiols había sido profesor mío en la facultad -un excelente profesor, dicho sea de paso- y no era mucho mayor que yo. Andaría por los cincuenta, calculé.
"¿Se habrá ido al extranjero -me pregunté- o habrá obtenido algún premio importante?". Ninguna de las dos circunstancias, no obstante, suelen merecer una placa de homenaje. ¿Qué había sucedido?
Recurrí a Internet (que en esta ocasión resultó muy útil para dilucidar rápidamente un misterio) y me encontré con lo que temía, la peor de las noticias. La página que leí decía con referencia a Guillermo Obiols:
"Tenemos que comunicarles, con mucho dolor, que hoy, 7 de junio de 2002, se produjo su fallecimiento.
Durante todo el desarrollo de su enfermedad Guillermo mantuvo la serenidad, la lucidez y la preocupación por los otros que todos le conocimos. Consiguió, por momentos con mucho esfuerzo, presentar sus dos últimos libros publicados (Aprender a ser y Una introducción a la enseñanza de la filosofía) y terminó de corregir el más personal que haya escrito: La memoria del soldado, ahora en busca de editor. Hace unos meses decidió que creáramos una página de Internet a través de la cual pudiera comunicarse con sus alumnos y con las personas interesadas en su tarea. Creemos que valdrá la pena mantenerla para publicar allí las novedades que haya sobre su obra".
(La dirección mencionada es: http://cablemodem.fibertel.com.ar/sdisegnica)
Pero sobre todo me sorprendió un mensaje de su familia que resume mucho de lo que yo pensaba consignar en esta balsa virtual: "A lo largo de estos meses supimos cuánta gente lo quiso y lo respetó, muchas personas que casi no conocíamos y que se pusieron a disposición para lo que pudieran sernos útiles. Lo agradecemos profundamente, sabemos que fue lo que él ganó a lo largo de una vida en la que siempre mostró una integridad, una sensibilidad, un sentido de la responsabilidad y un respeto por los demás que, lamentablemente, no es muy común".
Cualquiera podría pensar que las anteriores palabras carecen de objetividad por provenir de los más cercanos familiares. Pero no es así. Obiols, a quien tuve como profesor en más de un curso, fue un docente excepcional y al mismo tiempo una persona amabilísima, humilde y siempre "buena onda". Sabía escuchar a sus alumnos, sabía transmitir con claridad sus conocimientos, sabía aconsejar, sabía (como ya se dijo antes) respetar a los demás. En resumen, un gran gran tipo. Se llamaba Guillermo Obiols. No lo olviden.