Axiología

(del griego axios: estimable, digno de ser honrado)

El término ‘valor' ha sido usado y sigue siendo usado, para referirse al precio de una mercancía o producto. En este caso el término ‘valor' tiene un significado fundamentalmente económico. Pero se ha usado, y usa, también en un sentido no económico como cuando se dice que una obra de arte tiene gran valor, o que ciertas acciones son valiosas.
El concepto de valor se ha usado también con frecuencia en un sentido moral.
Trataremos del concepto de valor en un sentido filosófico general, como concepto capital en la llamada “teoría de los valores” o axiología.

La teoría de los valores como disciplina filosófica relativamente autónoma surgió sólo con los trabajos de algunos filósofos de los siglos XIX y XX.
En la Antigüedad se había equiparado el ser con el valor (lo bueno, lo bello). Así se establecía una correspondencia entre el ente y el valor, entre la ontología y la axiología. El valor era entificado; su estudio era materia de la ontología.

Durante un tiempo ha sido común plantear el problema de si los valores tienen características propias, y cuáles son éstas. Una respuesta que ha circulado mucho ha sido la que se expresa en los seis siguientes puntos:

  1. el valer: no pueden caracterizarse por el ser, como los objetos reales y los ideales. Se dice, que valen y, por lo tanto, que no tienen ser sino valer. Los valores son intemporales y por eso han sido confundidos a veces con los entes ideales, pero su forma de realidad no es el ser ideal ni el ser real, sino el ser valioso. La realidad del valor es, pues, el valer.
  2. Objetividad: Los valores son objetivos, es decir, no dependen de las preferencias individuales, sino que mantienen su forma de realidad más allá de toda apreciación. (la teoría relativista afirma que tiene valor lo deseable. La absolutista sostiene que es deseable lo valioso).
  3. No independencia: los valores no son independientes, pero esta dependencia no debe entenderse como una subordinación del valor, sino como una no independencia ontológica, como la necesaria adherencia del valor a las cosas.
  4. Polaridad: los valores se presentan siempre polarmente, porque no son entidades indiferentes como las otras realidades. La polaridad de los valores es el desdoblamiento de cada cosa valente en un aspecto positivo y un aspecto negativo (disvalor).
  5. Cualidad: son totalmente independientes de la cantidad. Lo característico de ellos es la cualidad pura.
  6. Jerarquía: no son indiferentes no sólo en lo que se refiere a su polaridad, sino también en las relaciones mutuas de las especies de valor. El conjunto de valores se ofrece en una tabla general ordenada jerárquicamente.

La clasificación más habitual de los valores comprende los valores lógicos, los éticos y los estéticos.
En nuestro siglo, la filosofía de los valores asumió tres vertientes principales: la representada por el neokantismo de Baden (Windelband), la propia de la orientación fenomenológica (Scheler) y la asumida por el relativismo (Dilthey).

Mientras unos enfatizaron la relación existente entre los valores y los sujetos que los intuyen, con lo cual se asumía una postura relativista en el plano axiológico, para otros los valores cobraban una existencia totalmente independiente del individuo que los aprehendía: el hombre no creaba el valor, sino que se limitaba a reconocerlo. La filosofía de Dilthey se encuentra en el primer caso, toda vez que, para él, los valores son engendrados por la historia, esto es, encuéntranse adscriptos a momentos determinados del decurso vital. En cambio, Windelband y Rickert, al igual que Scheler, admitían la objetividad de los valores, si bien los primeros la vinculaban al apriorismo kantiano, al considerarlos categorías de una conciencia trascendental, en tanto que el segundo estimaba que los valores constituían cualidades objetivas, aprehensibles merced a una intuición de índole emocional que les es propia.

A la formación del valor concurren tres instancias:

•  el sujeto valorante;

•  el acto de valorar, que inviste la calidad de intencional y emotivo, y

•  una instancia objetiva a la cual esa intencionalidad apunta.

El acto vital de valorar me enfrenta a un objeto real, en el cual el valor se asienta. Pero si varío mi intencionalidad y, en vez de valorar un objeto intuyo el valor que en ese objeto reside, la intencionalidad ya no se dirigirá al objeto sino a la cualidad de ese objeto; cualidad que, en cuanto tal, es independiente de mi apreciación.

Los valores se dan en el ámbito de la vida humana. La intuición emotiva que capta los valores es siempre fragmentaria, me entrega siempre ciertos aspectos de ellos. Cada individuo, cada época, es susceptible de captar aspectos que permanecían ignorados para otras personas u otros tiempos.
De aquí surge una crítica al iusnaturalismo: las teorías que nos hablan de un orden jurídico natural e inmutable, que puede ser aprehendido en su totalidad por el hombre y cuyos principios asumen una validez intemporal, no hace más que absolutizar un aspecto parcial de la realidad axiológica y empobrecer nuestra percepción de la misma.

Muy influyentes han sido en los países de lengua española las investigaciones axiológicas de Scheler y Hartmann.

Max Scheler:

Su obra Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik ( El formalismo en la ética y la ética material del valor ) constituye la fuente principal para la compresión de su axiología.
Este destacado filósofo alemán toma su punto de partida de una crítica al formalismo ético kantiano. Según Scheler, Kant habría incurrido en dos errores: confundir lo a priori con lo formal y sostener que todo lo a priori reviste, necesariamente, la condición de racional.

En primer lugar, Scheler distingue los valores de los bienes: Cuando un objeto encierra un valor determinado, decimos que es un bien.

Además, es indiferente a los valores que estos sean experimentados por alguien; su existencia no supone un yo que los perciba. Los valores no cambian, lo único que puede variar es nuestro conocimiento de los valores pero no los valores en sí mismos.
O sea que, para este autor, los valores son independientes de los bienes que son sus portadores y de los sujetos que los aprehenden.
Pero, ¿cómo los aprehende el sujeto?
Según Scheler, los valores son aprehendidos por una intuición emotiva, distinta de una mera aprehensión psicológica. Dicho de otro modo, los valores son a priori y su aprehensión no se hace al modo del conocimiento intelectual, sino sólo emocionalmente, por medio del “percibir sentimental intencional” (intentionales Fühlen).

El problema de la jerarquía entre los distintos valores constituye una de las cuestiones centrales de la axiología y ha sido Scheler el pensador que ha puesto el mayor acento en ella.
Él concibe a los valores esencialmente relacionados entre sí en una ordenación jerárquica (que llama Rangordnung), asimismo a priori y aprehensible por vía emocional. Se trata, por tanto, de una jerarquía invariable, aunque varían los sistemas de valoraciones.
Para Scheler, los valores se organizan en una jerarquía cuyo grado inferior comprende los valores de lo agradable y desagradable, y cuyos grados superiores son, de menor a mayor, los valores vitales, los espirituales (valores de lo bello y lo feo; de lo justo y lo injusto; del conocimiento) y los religiosos (valores de los sagrado y lo profano).
Esta jerarquía puede ser captada por un acto emocional al que Scheler denomina “preferir” (Vorziehen), un acto particular del conocimiento axiológico en el que se capta la superioridad de un valor, opuesto al “posponer” (Nachsetzen) que consiste en el conocimiento (emocional) de la inferioridad o ser-inferior de un valor.
“Preferir” y “posponer” son así dos maneras distintas de captar una misma relación jerárquica. La diversidad se advierte muy claramente en lo caracterológico: “Hay caracteres morales específicamente ‘críticos' –muchos de los cuales se vuelven ‘ascéticos'-, que realizan el ser superior de los valores principalmente por medio del acto del ‘posponer'; frente a ellos se encuentran los caracteres positivos, que principalmente ‘prefieren', y para los cuales el respectivo valor ‘inferior' se hace visible sólo desde la ‘atalaya' que, en cierto modo, han escalado en el preferir”.

En conclusión, puede parecer que todos los valores fuesen meramente relativos, pero en realidad esta relatividad atañe tan sólo a la conciencia que de ellos tiene el hombre.

 

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