La justicia en Aristóteles

(EXCURSUS: La edición del año 1831 de la Academia de Berlín, impresa a dos columnas, sirve de base para todas las referencias al texto de Aristóteles; la paginación y las notaciones de columnas y de renglones se reproducen en todas la ediciones de carácter científico) .

La noción de ley natural presente en el pensamiento de Aristóteles es expuesta en dos conocidos pasajes de su Retórica.
El primero dice: “La ley es o particular o común; llamo particular a aquella que, escrita, sirve de norma en cada ciudad; común, las que parecen, sin estar escritas, admitidas en todas partes” (Ret, 1368b, 7-10)
El segundo expresa: “Llamo ley, de una parte, la que es particular, y de otra, a la que es común. Es ley particular la que cada pueblo se ha señalado para sí mismo, y de éstas unas son no escritas y otras escritas. Común es la conforme a la naturaleza. Pues existe algo que todos en cierto modo adivinamos, lo cual por naturaleza es justo e injusto en común, aunque no haya ninguna mutua comunidad ni acuerdo, tal como aparece diciendo la Antígona de Sófocles que es justo, aunque esté prohibido, enterrar a Polinices por ser ello justo por naturaleza” (Ret, 1373b, 4-11).

Se desprende que para Aristóteles la ley natural es una ley común que se funda en la razón universal. No tiene su origen en ninguna convención y, en muchas oportunidades, sus principios pueden entrar en colisión con los establecidos en las leyes particulares propias de cada pueblo.
La expresión “ley natural” recién aparece en el siglo IV aC y la doctrina concerniente a ella es claramente expuesta por Aristóteles. En realidad, la expresión “ley natural” surgió como una respuesta a la oposición sofista entre ley y naturaleza y la doctrina en ella asentada representó un esfuerzo tendiente a conciliar ambos términos.

De la Justicia:

En primer lugar, debemos tener presente que la diferencia entre el incipiente sistema jurídico ateniense y el de una nación moderna es enorme. Un solo dato da medida de esta diferencia: la ciudad antigua carecía de un cuerpo de magistrados profesionales, los jueces eran elegidos por la suerte entre los ciudadanos mayores de treinta años.
El libro V de la Etica Nicomaquea se titula “De la Justicia” y en él encontramos un pequeño tratado sobre el tema. El tratamiento que Aristóteles ofrece en este libro V muestra un carácter provisorio, ensayístico. Evidentemente estaba desbrozando camino y estableciendo distinciones conceptuales, largamente incorporadas a la tradición jurisprudencial en época posterior, que por ello mismo aparecen hoy como rudimentarias e insuficientes.
En primer lugar Aristóteles establece una distinción lingüística: se habla de justicia en dos sentidos diferentes. Ambos significados están referidos a las relaciones de las personas entre sí, pero su diferencia se aprecia en el siguiente cuadro:

el Campo de aplicación se usa con  
primero todas las relaciones que tienen lugar dentro de la comunidad sentido normativo justicia total
segundo aquellas acciones cuyo objeto particular es la distribución o intercambio de bienes sentido de igualdad justicia particular

 

Esta justicia particular puede ser distributiva    
  correctiva transacciones voluntarias  
    idem involuntarias fraudulentas
      violentas

La justicia distributiva comprende un conjunto de acciones que tenían una especial importancia en el Estado antiguo y que prácticamente desaparecen o sólo se conservan como restos en el Estado moderno. Se trata fundamentalmente de la distribución de bienes y de cargas. En este respecto Aristóteles dice, al final de capítulo III, que “lo justo es lo proporcional” pero esta es “una de las dos formas de lo justo”.
La correctiva la define Aristóteles como aquella que tiene lugar en las relaciones entre personas. El término griego para estas relaciones abarca tanto a las transacciones civiles (contratos, préstamos, garantías, etc.) como aquellas otras que son más bien acciones de tipo criminal. En efecto, las transacciones involuntarias comprenden las fraudulentas, como el hurto, y las violentas, como el homicidio.

(Excursus: los datos aportados por los eruditos indican que la distinción entre transacciones voluntarias e involuntarias no se corresponde en absoluto con la práctica forense de Atenas. Sin embargo, esta distinción se corresponde en gran medida con la posteriormente introducida en el derecho romano entre obligaciones ex contractu y obligaciones ex delicto).

Por último es necesario mencionar un tercer tipo de justicia, que los modernos comentadores separan estrictamente de los dos anteriores. Se trata del famoso capítulo 8 en el que Aristóteles discute la reciprocidad como forma de la justicia en las relaciones de intercambio. El capítulo ha sido y continúa siendo aún hoy motivo de intensa polémica, fundamentalmente en lo que se refiere a la intención de Aristóteles y a la solución que finalmente ofrece. Tradicionalmente los comentaristas medievales tomaban el capítulo como un análisis y una exposición detallada del problema de cómo fijar el valor justo de una mercadería. Quizá se puede decir sin exagerar que la misma noción de valor justo o precio justo tiene su punto de partida en este texto.

Justicia en sentido normativo:

La respuesta de Aristóteles es en cierto modo asombrosa, ya que contra lo que se podría creer, él sostiene lisa y llanamente la identidad de esta significación de justicia con las leyes positivas de cada estado.
Es evidente que todas las leyes son en cierto modo justas, y decimos que cada una de ellas es justa. Las leyes se pronuncian sobre toda clase de asuntos y con ello apuntan al interés de la comunidad”. Etica a Nicómaco , V 1129b 12-25
Y unas líneas más abajo agrega: “La justicia así entendida es la virtud perfecta, pero no absolutamente, sino con relación a otro”.

No es por lo tanto sorprendente que Aristóteles se dedicara a estudiar y recopilar las leyes fundamentales de las distintas ciudades-estado.
Aristóteles, si bien concede que hay una variedad de sistemas legales distintos, ninguno de los cuales, por lo tanto, es absolutamente coincidente con otro, también demuestra que muchos de ellos arrojan grandes similitudes entre sí, al punto de configurar un mismo tipo.
Llegamos a un concepto central en la concepción aristotélica de las ciencias prácticas: la noción de tipo (typos). Y aquí encontramos el límite a la variedad y contingencialidad infinitas propuestas por los sofistas. Pues postular la existencia de un tipo de acción (o de constitución) equivale para Aristóteles a postular la permanencia de una identidad por encima y a despecho de la variedad de sus instancias.
Vinculado a esto mismo aparece el llamado "argumento del consenso": Tesis aristotélica según la cual las leyes naturales son las leyes comunes a todos los pueblos (o, más limitadamente, a todos los pueblos civilizados), y por consiguiente se obtienen no de consideraciones generales sobre la naturaleza humana, no de la “naturaleza de las cosas”, sino inductivamente a partir de un estudio comparado de las diversas legislaciones.
En el mismo orden de pensamiento observamos que, desde las primeras páginas de la Política, Aristóteles explica el origen del Estado valiéndose de una reconstrucción histórica de las etapas a través de las cuales habría pasado la humanidad. Dice: “La comunidad que se constituye para la vida cotidiana es por naturaleza la familia (…) La primera comunidad que deriva de la unión de varias familias de cara a la satisfacción de una necesidad no meramente cotidiana, el la aldea (…) La comunidad perfecta de varias aldeas constituye ya la ciudad, que ha alcanzado lo que se llama el nivel de autosuficiencia, surgida para hacer posible la vida y que subsiste para producir las condiciones de una buena existencia”.

Al comienzo del parágrafo 7 del libro V, reaparece el tema del derecho natural: “De lo justo político una parte es natural, otra legal. Natural es lo que en todas partes tiene la misma fuerza y no depende de nuestra aprobación o desaprobación. (…) Paréceles a algunos que todas las normas son de derecho legal, dando como razón que lo que es por naturaleza es inmutable y tiene dondequiera la misma fuerza, mientras que, por el contrario, vemos cambiar las cosas tenidas por justas. No pasan las cosas así precisamente, aunque sí en cierto sentido. Por más que entre los dioses la mudanza tal vez no exista en absoluto, entre nosotros todo lo que es por naturaleza está sujeto a cambio, lo cual no impide que ciertas cosas sean por naturaleza y que algunas otras no sean por naturaleza”. Etica a Nicómaco , V.
Se percibe en este párrafo cierta vacilación en el autor. Esto se debe, posiblemente, a que Aristóteles sostiene que, en el estudio de las cuestiones morales, sólo se puede alcanzar un conocimiento probable.

 

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