Cierta vez, hace ya varios años, adquirí un ejemplar de El cráneo bajo la piel, de la autora inglesa P.D. James (sí, también leo el género policial inglés).
Al avanzar en la lectura de la obra noté una excesiva cantidad de erratas, tantas que decidí tomar nota de ellas para hacerle llegar a la editorial un listado que sería, al mismo tiempo, una información y un reclamo, listado que reproduzco a continuación:
Página |
Línea |
Donde dice |
Debería decir |
17 |
4 |
enderazara |
enderezara |
20 |
1 |
como sino |
como si no |
25 |
42/3 |
todo que |
todo lo que |
28 |
23 |
estóbamos |
estábamos |
28 |
24 |
saió |
salió |
36 |
9 |
magnífio |
magnífico |
39 |
26 |
bancarrrota |
bancarrota |
40 |
29 |
Dejar |
Deja |
41 |
17 |
enseñanaza |
enseñanza |
41 |
36 |
veían |
veía |
46 |
6 |
indentificar |
identificar |
62 |
2 |
pozó |
posó |
81 |
40 |
repuesta |
respuesta |
86 |
5 |
de que lo que |
de lo que |
86 |
28 |
Admnito |
Admito |
99 |
19 |
camarían |
camarín |
120 |
37 |
menor |
mejor |
135 |
1 |
polivía |
policía |
152 |
6 |
prisionea |
prisionera |
154 |
22 |
... sabe que está aquí. |
... sabe que está aquí? |
158 |
24 |
celebracions |
celebraciones |
162 |
3 |
poosible |
posible |
162 |
17 |
perogulladas |
perogrulladas |
177 |
20 |
Clarissas |
Clarissa |
182 FALTA NUMERO DE CAPITULO
189 |
24 |
recate |
rescate |
203 |
15 |
usado |
usada |
215 |
27 |
mu |
mi |
228 falta por lo menos una línea después de la 22
242 |
17 |
desafortunda |
desafortunada |
245 |
13 |
Cordeia |
Cordelia |
245 |
14 |
habían |
había |
246 |
18 |
tamoco |
tampoco |
248 |
17 |
seleccionada |
seleccionaba |
269 |
18 |
Simons |
Simon |
Puedo asegurarles que, en mi experiencia como lector -que no es poca-, no recuerdo un caso análogo (treinta y cinco erratas en menos de trescientas páginas). Finalmente, por esas vueltas de la vida, no escribí la carta ni envié el listado a la editorial.
Es claro que no era mi intención comunicarme con ellos parar ponerlos al tanto de mis lecturas sino para señalarles que los errores que habían cometido en la edición de este texto no debían repetirse, cualquiera hubiera sido la causa que los produjo.
Porque, y confío en que ustedes estarán de acuerdo conmigo en cuanto a esto, tal profusión de erratas atenta, por un lado, contra el prestigio de cualquier casa editorial y, por otra parte, es algo que no se merecen ni el autor ni el lector. En efecto, el lector merece encontrarse con un trabajo bien hecho que justifique el desembolso que realizó; el autor, por su parte, merece en todos los casos que su esfuerzo intelectual y el valor artístico de su obra sean respetados -ni qué decir cuando su talento le ha valido el reconocimiento internacional, como en esta ocasión-. Y los editores, por último, ¿no deben proteger el renombre editorial que se han forjado a lo largo de los años, evitando episodios como el que detallé?
Con toda intención he omitido mencionar el nombre de la firma editorial. No obstante, basta con que el lector se acerque a cualquier librería y busque un ejemplar de P.D. James para saber quién la publica en la Argentina. Tal vez se sorprendan, tal vez no.